El retorno de un amor ausente - Juan Evaristo Gónzalez

Juan Evaristo Gónzalez

Nació en la ciudad de Bell Ville (Pcia. De Córdoba), el 4 de diciembre de 1941. Es Profesor de Historia, egresado del Instituto Nacional del Profesorado “Dr. Mariano Moreno”, de la ciudad de Bell Ville.
Reconocido escritor, historiador, conferencista, prestigioso investigador de la historia local y regional y miembro del Centro Municipal de Estudios Históricos de Bell Ville, es hoy uno de los continuadores del grupo fundacional de dicha Institución.
Fue integrante de la “Asociación de Escritores y Amantes de las Letras” de Bell Ville, habiendo sido autor de numerosos artículos y notas en la Revista “Ideario”, editada por dicha Asociación.
Es miembro de la Asociación de Escritores denominada “Sentir en Palabras”, de la ciudad de Bell Ville y autor de poemas y ensayos publicados en Antologías editadas por dicha Asociación. Es autor del libro “Corazones en Vilo”, historia de amor que se desenvuelve en la Argentina de mediados del siglo XIX, dentro del marco histórico de la Confederación Argentina.Entre sus obras históricas figuran “El Comandante de Armas Don Nazario Casas”, “Actuación y Perfil del Caudillo de Fraile Muerto, Don Felipe Álvarez”, “La Sublevación de la Huertilla” (o “El Sable y la Lanza”), “Las Incursiones Indígenas  sobre la Región del Tercero” (durante los siglos XVII, XVIII y XIX), “El Sitio de Fraile Muerto” (8/15 de Nov. de 1818), “Las Vías de Comunicación en Nuestro País entre los Siglos XVI y XIX” (El Antiguo Camino Real y el Camino del Norte); “El Antiguo Camino Real entre Fraile Muerto y Cruz Alta”, “Las Vías de Comunicación con Santiago del Estero, por el Norte de Córdoba”.
Por último, dentro del ámbito deportivo, es coautor del libro “De Bell Ville al Mundo”, historia del invento Bellvillense de la Pelota de Fútbol de Costura Invisible, denominada “Superball”, que revolucionó la historia del fútbol mundial.

 

En la presente obra el autor relata, utilizando un estilo claro y conciso -libre de expresiones rebuscadas y términos ostentosos- que torna ágil y amena la lectura del libro, las vicisitudes y padecimientos de una joven perteneciente a una familia acomodada de comienzos del siglo XX, cuya vida después de la muerte de sus padres aparece signada por un destino incierto. 
Analía Alfonso –tal el nombre del personaje central de la novela– debe afrontar después del fallecimiento de sus progenitores, en su condición de única hija y heredera de sus bienes, las contingencias y adversidades propias de la administración de una empresa yerbatera perteneciente a su familia, en medio de un ambiente tóxico y hostil, que la llevan a quedar expuesta a diversos peligros. 
Es dentro de ese marco en que, en plena adolescencia, conoce a quien sería su único y verdadero amor, un joven que, por ser de una extracción social humilde, es drásticamente rechazado por su padre, hasta el punto de provocar la ruptura del incipiente romance que había nacido entre ellos y determinando un distanciamiento entre ambos por un lapso de varios años.
Hasta que Pedro –el otro protagonista de la obra- enterado de la comprometida situación por la que en determinado momento se hallara atravesando Analía, como consecuencia de un peligroso atentado a su integridad física y moral, decide retornar a su lado, convertido ahora en un prestigioso abogado, para auxiliarla personal y profesionalmente, situación que conduce al reinicio de un definitivo amor.

 

Capítulo XXII
Una Decisión Matrimonial
Pedro la dejó hablar y después de escucharla atentamente la miró casi con emoción. Lo que había hecho Analía no era otra cosa que desnudar su alma, liberando sus sentimientos más profundos, que Pedro interpretó dirigidos a obtener de él el más sólido de los compromisos que pueden contraer un hombre y una mujer: el del matrimonio. 
Por eso se anticipó a sorprenderla con una noticia para la cual Analía no estaba preparada en esos momentos, pero que al escucharla la colmó de felicidad. 
Sí, Pedro le acababa de decir que ¡quería casarse con ella!, sólo que tendrían que esperar algún tiempo más, hasta que él pudiera terminar de organizar sus asuntos.
Esa noche, después de la cena, Pedro, que había decidido acostarse temprano, para poder partir a la madrugada, la acompañó previamente hasta su casa, donde se despidieron con un apasionado beso.
Luego, Analía ingreso a su vivienda, sintiendo a su alrededor una inevitable sensación de tristeza y soledad, aunque había algo en su corazón que le ayudó a soportar esa situación y fue el solo pensar que alguna vez, quizás dentro de un tiempo no muy lejano, podría estar acompañada de Pedro para siempre.
Pero por de pronto, debió pasar ese interminable mes y medio, soportando una cruel soledad y ahora más que nunca, después de lo que le ocurriera, dominada por una sensación de temor que la llevaba a tomar las más insólitas medidas de seguridad, tales como acumular muebles contra la pared y las ventanas de su habitación. 
Hasta que por fin llegó la ansiada noticia de la fecha en que comenzaría el juicio oral, lo que para ella implicaba una doble esperanza. La del regreso de Pedro y con ello la oportunidad de volver a verlo y continuar analizando con él los preparativos del casamiento, por un lado; y la posibilidad de que Coca consiguiera su libertad, para volver a vivir con ella, por el otro.
Las instancias del juicio se desarrollaron conforme a las previsiones de Pedro, ya que la valoración efectuada por el tribunal, de los elementos de prueba y testimonios decisivos, como lo fue el del testigo Filemón Martínez, para dejar acreditado fehacientemente el teatro o escenario del suceso, concordaba con la interpretación jurídica de Pedro.
Otro tanto ocurría con los resultados de la autopsia, cuyas conclusiones permitían corroborar los dichos de Coca, respecto a las circunstancias de modo, lugar y tiempo en que, sin ánimo de matar, terminara agrediendo mortalmente a Ojeda mediante el uso de la tranca.
Precisamente, otro aspecto que Pedro juzgó importante recordarle a Coca era que en su declaración ante el Tribunal, dejara bien sentado que en ningún momento tuvo la intención ni quiso matar a Ojeda, sino sólo evitar que el atacante terminara violando a Analía, lo que consideraba fundamental para que el Aquo, es decir el Tribunal pudiera encuadrar su conducta en la figura de la legítima defensa de un tercero y descartar la aplicación del homicidio simple o calificado (por alevosía), o alguna otra de sus posibles variantes o alternativas como las del exceso en la legítima defensa de un tercero o el homicidio preterintencional.

 

Gonzalez, Juan Evaristo
El retorno de un amor ausente / Juan Evaristo Gonzalez. -1a ed.- Villa María:
El Mensú Ediciones, 2019. 140 p.; 22 x 14 cm.

ISBN 978-987-4189-98-1

1. Narrativa Argentina Contemporánea. 2. Novelas Románticas. I. Título.
CDD A863